Con un comienzo de año con buenos resultados para mostrar, la energía eólica tiene por delante oportunidades y desafíos aún mayores. Aquí, las novedades del sector:
Según un estudio presentado por la Cámara Eólica Argentina (CEA), a los precios actuales, evita pagos al exterior por u$s 3.250 millones, un monto es cuatro veces mayor que el evitado en 2021.
¿La explicación? Para satisfacer la demanda interna, Argentina debe importar combustibles desde diferentes mercados, y en este contexto la apuesta por las energías renovables resulta ampliamente beneficiosa para disminuir la necesidad de divisas del país.
Durante los meses de menores temperaturas, el país debe importar un promedio de 44 Mm3/d de gas, de los cuales 31 Mm3/d provienen del GNL. Estas importaciones se realizan por barco desde países como Qatar o Trinidad y Tobago; y por gasoducto, desde Bolivia.
En este contexto, la generación renovable eólica reduce de manera directa la dependencia al gas y al GNL importados. Durante 2021, la generación producida por el viento aportó 14,8 TWh y de esta manera, se desplazaron 8,5 Mm3/d de consumo de combustibles, equivalentes al 20% de las necesidades durante el período invernal y al 33% del promedio anual.
Pero este no es el único impacto que produce la generación de energía eólica, más allá de los ambientales, que son los más evidentes.
Esta industria, además, genera círculos virtuosos sociales y económicos en todos los procesos del proyecto. Así lo analizó René Vaca Guzmán, actual vicepresidente de la CEA.
Es el caso, de las fases de desarrollo, construcción y operación donde se requiere de recursos humanos directos que, a su vez, incentivan la demanda de servicios, alojamiento, alimentos y la distribución de materiales a nivel regional. De este modo se generan consumos e ingresos dentro de las mismas comunidades donde se instalan los proyectos. Más allá de la importancia que significa la generación de empleao verde en la construcción del proyecto, también es fundamental la fabriación de piezas y componentes de los aerogeneradores.
En Argentina, considerando únicamente la fabricación local de las torres, el ensamblaje de nacelles y bujes, más componentes eléctricos suplementarios, se generan alrededor 2.300 empleos sustentables cada 1.000 MW adicionales de potencia.
Además, incluir las energías renovables en la matriz durante los últimos años permitió garantizar la seguridad energética incluso durante la peor sequía de la última década.
Hoy, ya hay en la Argentina más de 5.121 MW de potencia instalada en energías limpias, de los cuales 3.292 MW corresponden a la industria eólica.
Y, el crecimiento del uso de fuentes de energía renovable también se evidencia a nivel mundial: en 2021, por primera vez, más de la décima parte de la energía generada a nivel mundial fue solar o eólica.
En 2021, la generación solar mundial aumentó un 23% y la eólica un 14%. Unos 50 países generaron más de una décima parte de la electricidad a partir de las energías eólica y solar en 2021. Siete de ellos lo hicieron por primera vez en su historia, entre ellos Argentina. En el mundo, la participación de las energías eólica y solar se duplicó desde 2015 cuando se firmó el Acuerdo de París.
Para la energía generada por el viento, 2021 fue el segundo año de su historia, con casi 94 GW de capacidad añadida en todo el mundo a pesar de ser un año de pandemia.
Otro hito que implicará un antes y un después para la industria, es la firma de adhesión de la Argentina a la Agencia Internacional de Energía (IEA). Este organismo reúne a las máximas autoridades en la materia de los países líderes para discutir acciones en el contexto de la crisis energética mundial.
Y la Argentina ahora es miembro justo en un momento de reordenamiento geopolítico de los países productores y proveedores de recursos energéticos tras la guerra de Rusia y Ucrania.